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12 de agosto de 2010

Las tribulaciones de un suizo en la corte de Samaranch: impresiones de BCN-2010 (y 9)

Domingo 1 de agosto (sexta jornada)
 
¡Viva el Hispano-Suiza!
La relación de Suiza con Barcelona es larga y provechosa. No voy a insistir en que fue un sportman judío suizo, Hans-Max Gamper (alias Joan), el fundador y primer presidente del F.C. Barcelona. Otro suizo, el ingeniero ginebrino Marc Birkigt fue uno de los artífices de la prestigiosa marca de automóviles Hispano-Suiza, fundada en Barcelona en 1904. Aunque Orson Welles dijo en "El tercer hombre" que los suizos sólo hemos inventado el reloj de cuco en 400 años (lo cual es erróneo ya que esa cursilada es un invento bávaro), además de las navajas suizas, del queso que patrocinaba estos Europeos y de la Fondue, los suizos han hecho aportes esenciales para la humanidad como el chocolate suizo, la leche condensada y el café con leche (sí ¿qué pasa? es un invento suizo). Otros, como las cuentas numeradas en bancos suizos , son más discutibles. Por cierto eso que los madrileños llaman suizos o bollos suizos, son desconocidos en mi país (deben su nombre a que se elaboraban en el Café Suizo de Madrid). ¿Y a qué viene todo este prolegómeno suizo? Pues, obviamente, a la aplastante victoria que obtuvo el suizo Viktor Röthlin en una maravillosa mañana de domingo (para los sufridos atletas menos buena) en la que Barcelona se echó a la calle para animar a los maratonianos consiguiendo uno de los mejores ambientes que yo recuerdo de una maratón en España.
¡Grande, grande Pablo!
No voy a repetir aquí los elogios hacia ese carismático y tenaz Chema Martínez, que descolgó su primera gran medalla en maratón pero la tercera europea de su palmarés. Quiero citar dos grandes nombres que no tuvieron su día, el olimpionico italiano (y bi-campeón europeo) Stefano Baldini y el barcelonés Pepe Ríos, los únicos con Röthlin en haber bajado de 2:08.00. Los dos estuvieron entre los 19 abandonos del día. Muchos hombres sufrieron y 45 de ellos acabaron, entre ellos cuatro de los séis españoles. Y, de entre ellos, quiero destacar al extremeño Pablo Villalobos, un atleta cuyo acercamiento al atletismo, su humildad y capacidad de superación y su personalidad bien merecían esta recompensa. Nos apostamos en el passeig de Gràcia, frente a la casa Batlló de Gaudí (y la no menos impresionante casa Amatller de Puig i Cadafalch) y allí, visto que organizar una claque para Röthlin iba a ser problemático, convencimos a cuatro señoras y varios caballeros para que se unieran a la "peña Villalobos" y disfrutamos animando y viendo la remontada del de Almendralejo (que partía con la penúltima marca de los españoles con unos modestos 2:13:33, lejos de las marcas de élite mundial de Chema o Pepe Ríos o de élite europea de Rafa Iglesias).
Cuando pasó por cuarta vez, disolvimos la peña (tras convencer a un par de señoras para que fueran al estadio por la tarde) y buscamos un sitio para ver el final con la suerte de que, junto a la casa Batlló, vimos la Maison de la France con motivo del Europeo. Hablar francés y un carnet de estadístico nos franqueó las puertas del local, en el que pudimos ver el final de la carrera en pantallón de plasma, con agua Vittel gratis y ojeando L´Equipe. Y, para redondear la mañana, un vermuth en la Rambla de Catalunya.
Después ví la polémica de Pablo con la bandera extremeña (la que habrían montado algunos estrechos de mente si llega a ser la vasca o la catalana) y su personalidad ya que, pese a los honores y el cansancio, no olvidó reivindicar al equipo femenino, ignorado por el presidente-seleccionador-pitoniso. Y es que, sin profundizar en el tema, muchos no entendemos por qué no se trajo un equipo completo en una prueba tan sacrificada (y aleatoria al tiempo) como ésta cuando, vistas las marcas de Alexandra Aguilar y Beatriz Ros, una tercera mujer sobre 2:45:15 (en torno a la plaza 27ª) habría dado a España el bronce por equipos. Y hay un par, pienso en la aragonesa Mª José Pueyo y en la madrileña Tamara Sanfabio, capacitadas para ello).
La passe de trois pour Lemaître!
Francia, pese a haber tenido que hacer algún cambio por las lesiones (en la foto los campeones aluden a lesionados y reservas), se lleva el relevo 4x100. Los franceses han asegurado en exceso los cambios y eso ha obligado a un esfuerzo supremo a Martial Mbandjock para doblegar a los italianos (por cierto recalificados, tras haber sido excluidos ayer). Sin embrago el héroe del estadio (y de todo un país) es Christophe Lemaître que, aunque parezca raro, es el primer atleta en llevarse el triplete 100-200-4x100 en los Europeos. Efectivamente, repasando el "libro gordo", vemos que ninguno de los hombres que habían precedido al joven galo en el doblete individual, los holandeses Berger (1934) y Osendarp (1938), el alemán Fütterer (1954), el soviético Borzov (1971), el italiano Mennea (1978) y el portugués Obikwelu, había logrado imponerse en el relevo. Por un momento pienso en cómo habría disfrutado Montjuic nuestro amigo José Guilloto pero seguro que este entrañable francés de Cádiz habrá encontrado algún rato para gozar de los triunfos Bleus desde su tierra natal.
Tres medallas españolas y alguna sorpresa.
Para acercarse al pronóstico del presidente-seleccionador, los atletas españoles en liza hubiesen tenido que hacer el pleno, y aún así... En disco Pestano está bien pero acaba sexto, Ruth cae en altura un poco antes de lo previsto (nuestra "favorita" Emma Green se sorprende a ella misma y acaba segunda pulverizando su PB) y Eusebio Cáceres se resiente de su lesión en longitud. Magníficas las chicas del relevo corto que baten el récord de España y voluntariosa Judith Pla, 12ª en los 5.000.
La primera alegría llega con la inteligente carrera de José Luis Blanco que, consciente de que los dos franceses son inalcanzables, juega sus bazas con acierto para colgarse el bronce ante su público (y luego da la vuelta de honor con la bandera del Barça). Y, poco después, llega la apoteósis con el oro de Nuria Fernández y el bronce de Natalia Rodríguez en los 1.500m, un resultado que sorprende a los propios expertos españoles que confíaban más en el talento de Natalia. El estadio aplaude a rabiar aunque, como en el caso de Reyes hace un par de días, flota cierta decepción entre algunos seguidores de Natalia que, por su carácter de atleta catalana, son numerosos en las gradas. Tras repasar la edad de los medallistas españoles, veo que casi todas han sido ganadas por atletas cercanos o de más de 30 años (la prensa dirá que 32,7 de media, 33,5 las mujeres) mientras Francia y Gran Bretaña han cimentado sus éxitos sobre una generación mucho más joven (25 y 27 años de media). Es un tema que traerá cola.

Sobre banderas y otros bandos. 
En varios foros sobre atletismo he leído estos días desaforadas censuras a José Luis Blanco por dar la vuelta de honor con la bandera del FCB (él además alimentó la polémica declarando que lo había hecho conscientemente para evitar los matices políticos que habría supuesto llevar la catalana o, siendo catalán, sólo la española, olvidando que la rivalidad futbolística puede superar a la política). También algunos critican a Villalobos por haber entrado en meta con la enseña extremeña, aunque lo "indultan" porque después cogió también la rojigualda. Casi nadie censura que Marta Domínguez diese la vuelta con una rojigualda con toro (al día siguiente de que el parlamento democrático de Cataluña hubiese acordado la prohibición de las corridas) y a la mayoría les pasó inadvertida la vuelta del sevillano Olmedo con la bandera de Castilla-León o la de Mo Farah con la del estado no reconocido de Somalilandia.
Meterse en estos temas casi siempre produce rasguños pero, abandonando la tradicional neutralidad suiza, yo voy a dar mi opinión. El atletismo es un deporte individual en el que muchos atletas obtienen medallas por su talento y esfuerzo pero gracias al concurso de técnicos y entrenadores de otros países o a la acogida y las becas que les otorgan universidades y clubs de países más ricos. Muchos atletas cambian de país por su conveniencia económica (se nacionalizan en países más ricos) o deportiva (corren por los países de sus padres para eludir el alto nivel de sus países). Coubertin era contrario a las enseñas nacionales pero no encontró otra fórmula para organizar el olimpismo que a través de comités nacionales. El tema nacionalista era muy controvertido a principios del siglo XX: Teddy Flack, campeón olímpico de 800 y 1.500m en 1896, causó el escándalo de sus camaradas ingleses cuando pidió ser inscrito como australiano (Australia no fue autónoma hasta 1901 y casi totalmente independiente hasta 1942). Una docena de atletas irlandeses fueron campeones olímpicos como canadienses (Kerr), sudafricanos (McArthur), estadounidenses (Flanagan, Sheridan) o británicos (Kiely, Ahearne) ya que Irlanda no alcanzo un estatus de independencia hasta 1921. Los atletas finlandeses participaron desde los Juegos intermedios de 1906 pese a que su país no sería independiente del Imperio ruso hasta la revolución bolchevique de 1917. Hasta los Juegos nazis de 1936 la parafernalia de banderas fue escasa en los estadios. También tras la segunda guerra mundial, más allá de pequeñas banderitas de papel en manos de grupos de aficionados. Es raro ver a casi ningún vencedor olímpico envuelto en telas de colores antes de los Juegos de 1984. La América reaganiana se revolvía contra un pasado crítico (guerra del Vietnam, apoyo de la CIA a regímenes dictatoriales) con enormes dosis de simbología "star and stripes" (unos Juegos en los que se desbordaba el fanatismo por unos colores y se despreciaba o ignoraba las pruebas sin americanos). Otros atletas han aprovechado timidamente ese "bandereo" para otras reivindicaciones: los atletas que sacaron la cuatribarrada en Barcelona-92, Cathy Freeman con la bandera de los aborigenes australianos, Roberta Brunet con su cinta reivindicativa del valle de Aosta, ,...  (sin olvidar la enérgica reivindicación de Smith y Carlos en México-68, a los que siguieron los saltadores de longitud y los cuatrocentistas). Desde entonces la cosa ha ido en aumento y con la independencia de las repúblicas de la antigua URSS y la antigua Yugoslavia y el "futbolerismo" que ha invadido la información deportiva está alcanzando un paroxismo delirante. Además, otra observación: la vuelta de honor debería estar reservada a aquellos atletas que logran una prestación excepcional y, salvo excepciones, sólo al vencedor o vencedora.
¿Mi conclusión? Admiro a los atletas de todos los países (aunque siento siempre un cariño especial por los que conozco), no creo que deban examinarse de patriotismo tras ganar una medalla (¿qué pensaran los gambiano-noruegos, los etiope-azeríes, los keniano-qataríes, los cubano-italianos o las nigeriano-españolas cuando ganan?) y creo que la izada de banderas y el himno del país de cada vencedor ya es suficiente tributo a la contribución de los estados. No creo que mi patria sea mejor que otras por el mero (pero importante para mí) hecho de que yo haya nacido en ella y creo que los mayores crímenes y guerras de la historia se han perpretado enarbolando banderas.
 
¿Cuánto valen unos Europeos?
Al salir del estadio tras el emocionante 4x400 (y la pobre ceremonia de clausura) algunos amigos discutimos sobre el nivel del atletismo europeo ¿cuántos campeones de B10 habrían podido ser campeones mundiales u olímpicos? Obviamente, Europa conserva la hegemonía mundial en la marcha y en los lanzamientos y saltos verticales, tanto en categoría masculina como femenina. Pero seguramente ninguno de los campeones masculinos en carreras sería hoy por hoy campeón universal, teniendo dificultades la mayoría para ser incluso finalistas. Los franceses del steeple, algún maratoniano y algún millero parecen, junto con los relevos de algunos países, los únicos que podrían aspirar a algún podio. De las chicas, ni siquiera las rusas del 400, Savinova en 800, Antyukh en 400 vallas y Zarudneva y Marta en steeple son líderes mundiales de 2010, aunque todas ellas tendrían posibilidades. Pero eso no significa que el atletismo europeo sea de segunda división y que nada sea imposible. Lemaître o los Borlée (y Wariner) han demostrado que los blancos también pueden correr muy rápido, Mekhissi ya avisó en Pekín de que los keniatas no son invencibles en obstáculos y Borzakowski o Baala han sido capaces de rivalizar con los mejores atletas del Rift Valley en el medio fondo (y tal vez la pregunta sea ¿qué es ser europeo?). Otra cosa es que las estructuras deportivas escolares y universitarias y el modo de vida europeo no propicie que los jóvenes conozcan y practiquen nuestro deporte y que, posteriormente, hagan los esfuerzos que demanda para alcanzar un nivel de recompensa mediática y material que nunca estará al nivel del de los Nadal, Gasol, Iniesta, Lorenzo o Alonso. El atletismo es el deporte más universal que existe y al que pueden acceder talentos individuales de cualquier rincón del globo.

9 de agosto de 2010

Las tribulaciones de un suizo en la corte de Samaranch: impresiones de Barcelona-2010 (7)

Viernes 30 de julio (cuarta jornada)
 
Ayer no hubo medallas y muchos me preguntaron por Paquillo.
Hoy se acaba la Marcha en el lejano circuito de la Ciudadela y los esforzados fondistas deben dar 50 vueltas a un trazado de un kilómetro, es decir 100 giros cerrados sobre la misma pierna. Barbaridades como ésta retratan a algunos ¿responsables?, siempre pensando en la parte deportiva ¿o no? La marcha no dará ninguna medalla a la delegación española, algo que no ocurría desde 1978: Llopart (1978), Marín (1982. 2), Prieto y Mª Cruz Díaz (1986), Plaza (1990), Massana (1994), Molina (2002), Gª Bragado (2002 y 2006) y, desde luego, Paquillo Fernández (1998, 2002 y 2006).
Mi comentario de hoy no es sobre el calor y la humedad (11 abandonos de 27 inscritos), la machada -con caída incluida- del francés Yohann Diniz o la gran prestación del incombustible García Bragado, 5º a sus 40 años (con RM +40 como me hace saber mi amigo Josef M. Schmidt). Mi reflexión la provoca un breve artículo, mordaz y lleno de ironía, sobre el "affaire Paquillo" de Valentí Massana en el diario Sport del pasado 28 de julio  titulado "¿Una oportunidad perdida?". El de Viladecans, escribía cosas como ésta:
"Ayer no hubo medallas y muchos me preguntaron por Paquillo."
Tras hacer una breve recapitulación del caso para los lectores, seguía así: "Hace apenas un mes, (...) la RFEA rebajó a la mitad la pena de dos años impuesta al marchador de Guadix. El motivo de esta compasiva reducción de condena, que la IAAF debe ratificar, es bien simple: como buen chico que es (...) ha decidido colaborar con la administración de Justicia en la lucha contra el dopaje..."
Justifica con ironía que no se puede saber en qué consiste esa colaboración por el secreto sumarial y comenta: "...Es de suponer, que en un futuro no muy lejano, se conocerá el jugoso fruto de su colaboración, y que, a los que ahora les da por indignarse por dicha decisión se alegrarán de que, gracias a eso, hayan pillado a un montón de falsificadores de récords. No sería honesto precipitarse en los juicios, no de momento. Ni (...) suponer (...) que en este caso la federación ha aplicado un doble rasero: por un lado querer dar la imagen de luchador infatigable contra el doping y, por otro lado, rebajar la pena al susodicho no sea que se pierda los eventos deportivos de los últimos años..."
Explica la "regla de Osaka" (un año de sanción inhabilita para los Juegos) para concluir: "De ser así (...) será una oportunidad perdida para decir bien alto que la lucha contra el dopaje va en serio. Y el mensaje que llegaría a más de un espabilado sería muy peligroso: total, si te pillan, un año pasa rápido y santa rita, rita, lo que has ganado ya nadie te lo quita".
Como decía hace unos meses un famoso entrenador (de fútbol) nibelungo "No hace falta decir nada más".

Velocidad blanca.
¡Qué final de los 200m! Tras una salida mediana (pero no mala: 0.187) y una curva floja (pese a que se supone que es un especialista de 200) Christophe Lemaître sale a la recta quinto, a casi dos metros de la "eterna promesa" británica Christian Malcolm (a sus 31 años, el galés nunca ha ganado un gran título pese a haber sido en 1998 campeón mundial júnior de 100 y 200... en Annecy, la patria de Lemaître). Pese a una aceleración constante del galo parece que Malcolm resiste cuando, en los diez metros finales, el ya campeón de 100 pega dos zapatazos increíbles y lanza su pecho para superar al británico por 1/100 (20.37). Sus victorias unidas a las de Sailer (100) y el trío ruso (400) en mujeres y a la que obtendrá dos horas después Kevin Borlée en los 400 arrojan una hegemonía de los atletas blancos en la velocidad europea, un monopolio que sólo romperá de forma inesperada la extrovertida Myriam Soumaré en los 200 femeninos de mañana.

La caída de los dioses.
La actuación española, como siempre extensa en número, ofreció imágenes de todos los colores. Entre las más grises las que transmitieron tres campeones como Manolo Martínez, Joan Lino Martínez y Jackson Quiñónez. Para mi, lo más triste de la actuación del "gran capitán" de la selección española -en su cuarta participación- no fue la marca (le peor de todos los participantes) sino su actitud. Situada la calificación delante de la grada que ocupaban en sesión matinal los niños de las colonias a los que se unieron bastantes aficionados que coreaban su nombre, me dio la impresión de que tiraba por compromiso y no transmitió ni garra ni deseo de conectar con el público. Deseo a este Goliat, un atleta al que tanto debe el atletismo español, mucha suerte en su nueva carrera.
Ver a Lino Martínez, un medallista olímpico, saltando 7,63 también produce un poco de pena, pero la actitud de Jackson Quiñónez me indigna. Aún suponiendo que tuviera razón y que Ladji Doucouré le hubiese molestado (el antiguo campeón mundial alegó lo contrario), su actitud final desentendiéndose de la carrera y la bronca que montó durante largo rato después de la carrera no son admisibles en un recinto deportivo. Dado que con sus marcas de este año su paso a la final era casi imposible, la pataleta de Quiñónez sonó a "teatro, y del bueno" que diría un ex-coach del Chelsea. En cualquier caso me parece censurable, tanto su actitud agonística (abandonar la competición), como personal (casi le pego, bla, bla), que dicen muy poco de lo que debe ser un deportista.

Pequeño gran hombre (o el increíble Eusebio).
El resto de la actuación de la "roja" fue, con matices, aceptable: Ana Torrijos en las vallas hizo PB, Rafael Baraza cayó en la jabalina, Borja Vivas se metió con apuros en la final de Peso, los veteranos Blanco y Eliseo Martín también pasaron a la final de obstáculos y Mullera quedó fuera pero dando la cara. Berta Castells (martillo) y Mayte Martínez (800) estuvieron correctas en sus finales y Natalia y Núria dieron una excelente impresión en las semis de 1.500, la misma que había dado Ruth en la calificación de Altura. Barbara Hernando, pese a acabar última, hizo una meritoria primera jornada para su nivel ya que mejoró tres PB e igualó otra de la temporada. Luis Felipe Méliz se clasificó para la final de Longitud en su segundo intento (8,06). Y fue en esa prueba en la que se produjo, para mi, la mejor prestación española de este Europeo.
Eusebio Cáceres no necesita presentación aunque aún no ha cumplido 19 años. El de Onil, pese a esa silueta poco aparente (1,76m/70kg), es un portento de clase y de saber estar en la competición. Venía de ser subcampeón mundial júnior unos días antes en Canadá y, al parecer, algo tocado. Fuera de la final con 7,90m, en su último salto aterrizó a 8,27 (+1,7), 3cm más lejos que el récord europeo júnior del ucraniano Vladimir Ochkan (1987) y tercera marca mundial a 7cm del RM de la categoría del mítico Randy Williams en Munich-72. ¡Grande, muy grande Eusebio!
Primeras medallas pero poca euforia.
Hoy, en la cuarta tarde, se suman las primeras medallas al activo de la selección anfitriona. Pese a ello, percibo cierto halo de íntima decepción en el público y en algunos de mis amigos españoles. Marta, que había declarado no haberse encontrado a gusto en serie, corre siempre al rebufo de Yuliya Zarudneva. La rusa de 24 años da la cara desde la primera vuelta y marca un ritmo que sólo la palentina puede seguir, pero sin darle ni un relevo. Al paso de cada valla y cada ría la larguirucha Yuliya fuerza y Marta debe recuperar unos metros. Un último kilómetro en menos de 3:05.0 y una vuelta final sostenida dejan a la Marta Domínguez de 2010 sin capacidad para desbordar a Zarudneva en la recta final. Pese a la decepción de parte del público, la propia Marta declarará -tras la vuelta con la bandera española con toro al día siguiente de la supresión de las corridas en Cataluña-, que la rusa ha sido la justa vencedora, algo de lo que no cabe duda (¿que pensaría el respetable si la rusa hubiese ganado tras ir tres kilómetros a la chepa de una española sin dar ni un relevo?). Emocionados por la actuación de Marta (que suma su cuarta medalla europea) casi nos pasa desapercibido el excelente octavo puesto de Zulema Fuentes-Pila, que ha hecho una gran carrera. Nuestra amiga Abdullayeva no ha podido hoy suplir su desconocimiento de la técnica con su valor pedestre en una carrera a 9:17.0 y acaba sexta rebajando su RN hasta 9:34.75.
La final de 1.500m es emocionante aunque nadie se atreve a correr. El ídolo local Reyes Estévez (oro en 1998 y plata en 2002) conduce los primeros 800m (a 1:04.3 la vuelta) antes de que tomen la iniciativa los ingleses y aceleren el ritmo. En los 150 metros finales surge un inconmesurable Arturo Casado que logra al fin una clara victoria, sacando casi un segundo a sus rivales. El inesperado alemán Schlangen y el sevillano Manuel Olmedo dejan a Reyes sin podio ante la decepción del publico catalán. Sólo la intrusión de Carsten Schlangen, un veterano sajón de 29 años sin apenas palmarés (semifinalista en Pekín) ha impedido un sonado triplete español pero, aunque Reyes se va sin medalla (pero con un palmarés impresionante más allá de las polémicas), nos alegramos por Casado que lleva tanto tiempo en la brecha y por un Olmedo que ha completado con éxito su reconversión desde el 800.

6 de agosto de 2010

Las tribulaciones de un suizo en la corte de Samaranch: impresiones de Barcelona-2010 (5)

Miércoles 28 de julio (Segunda Jornada: sesión vespertina).

El himno de Stalin.
La sesión de tarde empieza con la ceremonia de premiación (aunque suena raro, está admitido por la RAE) de las chicas de la marcha y suena, por segunda vez en tres ceremonias, el himno de Rusia, bueno, de la URSS. Tras el derrumbe del sistema en 1990 Boris Yelstsin lo sustituyó por la "Canción Patriótica" del padre de la música rusa Mijaíl Glinka (s.XIX) pero no tenía letra (¿les suena?) y muchos deportistas se quejaban de que no poder cantarlo "afectaba a su moral y rendimiento" (sic). Así las cosas, el ínclito Vladimir Putin, dentro de su política de recuperación del "orgullo patriótico", repuso en 2000 el himno de la URSS. Éste había sido adoptado en 1944, tras la disolición de la Internacional Comunista (Komintern), ya que antes se usaba "La Internacional". La música es de Aleksandr Aleksandrov y la letra original era de Sergeiy Mijalkov, aunque la corrigió Stalin. El propio Mijalkov la "desestalinizó" en 1977 y ¡es también el autor de la versión actual! Mientras el público -menos de media entrada- puesto en pie escucha el himno, me vienen recuerdos de los cientos de veces que hemos escuchado estas notas, no sólo en estadios de atletismo, sino en tantos y tantos deportes olímpicos. De hecho, dos estados ya disueltos, la URSS (119 oros) y la RDA (89) lideran aún el medallero histórico de los Europeos pero Gran Bretaña (87 con el de Farah ayer) pronto será segunda.

La primera de Croacia.
La final de disco de mujeres presenta unas cuantas venerables veteranas como la rumana Grasu (39 años), la polaca Wisniewska y la rusa Sadova (38) o la sueca Söderberg (37). Nicoleta Grasu domina desde su primer tiro (63,48) y parece que va a imponerse cuando, en la última ronda, surge Sandra Perkovic, la más joven de las finalistas que iba segunda desde el primer turno (62,98), y con un tiro de 64,67 da su primer oro europeo a Croacia (croatas como Pamich o Susanj habían sido campeones pero como italianos o yugoslavos). Perkovic se convierte además en la campeona de disco más joven (20 años y 37 días) superando a la búlgara Tsvetanka Khristova (20 años 178 días) campeona en 1982. Otra "primera" es la de la Ineta Radevica, campeona de longitud a igualdad (6,92) con la portuguesa de Santo Tomé Naide Gomes, la favorita de nuestro amigo Capellini. Vencedora por su mejor segundo salto (6,87, aunque tenía otros dos superiores al segundo mejor de Gomes), da a Letonia su primer título femenino (tenía dos, el de Dalins en marcha en la 1ª edición de 1934, y el de Olijars en vallas en 2006).

Le-maî-tre! Le-maî-tre!
Tras disfrutar con la soltura de los gemelos monocigóticos bruseleses Borlée en las semis de 400, nos preparamos para volver a ver a Lemaître frente a los sacos de músculos británicos en los 100 metros. El veinteañero francés completa en la primera semifinal la que es -para mi- su mejor carrera en Barcelona: 10.06 con viento contrario (-1,2) y clara ventaja sobre Di Gregorio (10.17) y Lewis-Francis (10.21, calificado por tiempo). En la segunda Chambers corre en 10.10 por viento casi nulo ante el noruego de Gambia Saidy Ndure (10.16) y Collio (10.23). En la tercera el subcampeón francés Mbandjock (10.19) y el campeón de 2002-06 Obikwelu (10.25) sacan sus tickets para la final.
Tras estas carreras le comento a mi amigo Capellini que Francia va a tener una buena actuación en estos europeos con Lemaître, Thamgo, Lavillénie, el steeple y los relevos. Felice me contesta "¡no creo que la cosa sea para tanto!" (todos sabéis el resultado al final).
Mientras Libor Charfreitag, el único por encima de 80m en la final de martillo, da a Eslovaquia, no sólo su primer título, sino la primera medalla desde su independencia (aunque los Búgar, Plachy, Pribilinec o Blazek habían aportado muchas al zurron de Checoslovaquia hasta 1990), el estadio se prepara para la gran final. Christophe Lemaître va por la calle 6, entre los dos africanos que representan a Noruega y Portugal, Dwain Chambers por la 3 entre su compatriota Lewis-Francis y Mbandjock. Los otros dos blancos, los italianos, ocupan las calles exteriores. Pese a no salir demasiado bien (luego veremos que con 0.224 fue el peor de la final frente a 0.154 de Chambers) y unos primeros apoyos deficientes (se levanta demasiado pronto), Lemaître ofrece una gran sensación en la parte final de la carrera y mete el pecho con cierta claridad mientras vemos como Chambers es "devorado" en la parrilla por Obikwelu y Lewis-Francis. Nuestra impresión visual se confirma sólo en parte, ya que si el campeón se ve atribuir un crono de 10.11, los cuatro siguientes (los dos británicos, Obikwelu y Mbandjock) aparecen empatados a 10.18. Los jueces acabarán dando las otras medallas a Lewis-Francis y al otro francés, siendo Chambers un inesperado 5º. 
Christophe Lemaître es el tercer francés en ser campeón europeo de 100m tras Étienne Bally (1950) y Claude Piquemal (1962) y el primer velocista blanco en lograrlo desde 1982 (Frank Emmelmann, RDA). Yo presiento que es un momento mágico y que el bueno de Christophe puede ser alguien importante en este deporte ¡ya veremos! De momento es el cuarto europeo de la historia tras Obikwelu, Christie y Chambers (el segundo de los nacidos en este continente) y el tercero a nivel mundial con 20 años. A su edad ni Gay (10.27) ni Powell (10.12) corrían tan rápido.

¿Y los españoles? Bien, gracias.
Tras el mal sabor de boca con el que acabó la primera jornada, hoy nos vamos del estadio sin medallas pero más satisfechos con la actuación de los españoles. Lógicamente, Begoña Garrido en series de 400 así como Orozco y Rodríguez en semis de 400 y 100 han sido eliminados. Pero los tres del 1.500, Olmedo en la primera y Estévez y Casado en la segunda (con mini-pique incluido), han pasado sin problemas a la final. La altísima Jacqueline Martin ha sido penúltima en la final directa de 10.000 a tres minutos de la vencedora, la turca de Addis Abeba Elvan Abeylegesse, pero, como se han retirado cinco mujeres, acaba en una respetable 12ª posición. Abeylegesse se queda a más de un minuto del tiempo de Radcliffe en 2002 pero da a Turquía el segundo oro de su historia (el primero fue de la "sulfurosa" Süreyya Ayhan en el citado 2002). El bronce es para Jessica Augusto con lo que, sumadas a las de Vieira en marcha y Gomes en la longitud, como dice Capellini, "el equipo ibérico" sumamos ya tres medallas (y eso que el de Gibraltar hizo salida nula en los 100, la primera de un campeonato en la que habrá muy pocas).