12 de marzo de 2010

Reyes sin corona olímpica: los 100m masculinos (3)

La Segunda Guerra Mundial interrumpió muchas carreras y frustró las esperanzas olímpicas de toda una generación. Tras el conflicto no todos pudieron volver al deporte. En la difícil postguerra los universitarios USA aprovecharon unas estructuras deportivas intactas y sólo el advenimiento de los primeros atletas caribeños puso en riesgo el monopolio de EE.UU. en el sprint mundial.

Helsinki 1944 y Londres 1948
Lloyd LaBeach (Panamá)
1923-1999

Estudiante en EE.UU., este panameño hijo de jamaicanos estuvo en el top-5 mundial de 1943 a 1950. Pese a igualar o superar 9 RM, sólo uno le fue homologado ya que la AAU no tramitó la mayoría de los expedientes (no era uno de ellos). En 1950 corrió los 100m en 10.1 en Guayaquil que tampoco fueron RM ya que la IAAF debía pensar que los jueces sudamericanos no eran fiables. Líder mundial en 1943, 1948 y 1950, en Londres se conformó con sendos bronces en 100 y 200m. Panamá tendría que esperar hasta 2008 para tener su campeón olímpico.

Melbourne 1956
Willie Williams (EE.UU.)
1931

Sprinter de pequeño formato, fue uno de los damnificados del implacable sistema de selección USA. Pese a que los JJ.OO. de Melbourne eran en noviembre, los Trials fueron en junio y él quedó eliminado. En agosto, en el Mundial militar celebrado en Berlín, corrió dos veces en 10.1 batiendo oficialmente el RM de Jesse Owens, pero ello no le valió para ir a Australia (Ira Murchison, 2º también con 10.1, sí se había clasificado). Mejor suerte tuvo su compatriota Leamon King que igualó el RM de Williams en octubre, ya que había sido 4º en los Trials y por lo menos formó parte del relevo de EE.UU. que ganó el oro.

Roma 1960
Harry Jerome (Canadá)
1940-1982

De una familia de sprinters (su abuelo fue olímpico en 1912 y su hermana Valerie en 1960), Harry Jerome tenía sólo 19 años cuando se convirtió en julio de 1960 en el segundo atleta de la historia en correr los 100m en 10.0, tres semanas después de Armin Hary. Sin embargo en Roma, tras haber ganado dos rondas, se rompió en semifinales dejando el campo libre al alemán aunque no es probable que hubiese podido con él, ya que Hary dominaba los nervios como nadie. Cuatro años después en Tokio nada pudo frente a Bob Hayes pero fue bronce y volvió a ser finalista en 1968.

Tokio 1964
Horacio Estévez (Venezuela)
1941-1996

Recordman mundial junior (10.3) y semifinalista olímpico con 19 años, en 1960, se convirtió en agosto de 1964 en el tercer hombre en correr en 10.0, pero una rotura fibrilar le impidió acudir a Tokio. Es difícil que hubiese inquietado a Bob Hayes pero una medalla hubiese estado a su alcance y habría mejorado un excelente relevo venezolano que, sin él, fue 6º en la final olímpica. Muy castigado por las lesiones durante toda su carrera, acudió muy disminuido a México-68 no logrando superar ni la primera ronda. Es el único venezolano que ha tenido un RM de atletismo.

México 1968
Paul Nash (Sudáfrica)
1947

Autor de cuatro cronos oficiales de 10.0 en 1968 (uno de ellos homologado como RM igualado), ganador en apenas cuatro temporadas de seis títulos sudafricanos y otros tantos de la AAA inglesa, no pudo acudir a México ya que Sudáfrica había sido excluida del movimiento olímpico por su régimen de apartheid. Su presencia hubiese provocado, por contra, el boicot de la mayoría de los atletas negros de EE.UU. (además de numerosos países africanos y del bloque soviético). Es el último plusmarquista mundial blanco del palmarés de los 100m.

Munich 1972
Eddie Hart (EE.UU.)
1949

Tras igualar, junto a Rey Robinson, el RM manual de 100m (9.9) en los Trials de 1972, protagonizó una de las anécdotas más rocambolescas de la historia olímpica. Un error de su entrenador hizo que Robinson y él llegasen tarde a sus carreras de Cuartos (su compañero Robert Taylor tuvo que correr la suya sin calentar). Hart se desquitó con una gran última posta en el relevo pero, vistas las prestaciones de Valery Borzov en Munich y la trayectoria anterior y posterior de ambos (Hart nunca fue campeón AAU) es temerario poner en duda -como hicieron los medios estadounidenses- el triunfo del soviético.

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