21 de marzo de 2010

Hace 50 años: el trágico destino de Roger Moens.

El hombre que borró a Harbig del palmarés.

Nacido en 1930 en la localidad flamenca de Erembodegen, este policía belga se inició como corredor de 400m. Eliminado en series de los Juegos de Helsinki, desde 1953 se decantó por los 800m bajo la dirección del mítico Woldemar Gerschler (padre del entrenamiento fraccionado, descubridor de Rudolf Harbig y entrenador de campeones como Josy Barthel o nuestro Tomás Barris).
En 1954 saltó al primer plano al ganar el campeonato belga en 1:47.5, la mejor marca de la historia tras el legendario RM de Rudolf Harbig (1:46.6 de 1939). Para que se comprenda su valor hay que señalar que ningún otro atleta había bajado de 1:48.0 (el campeón olímpico de 1948-52 Mal Whitfield logró en 1953 1:48.6 en 880 yardas, equivalentes a 1:47.9 sobre 800m). Pese a ser el claro favorito, falló estrepitosamente en la final del Europeo. Acabó 5º (1:47.8) en una carrera que revolucionó el ranking: ganó el húngaro Lajos Szentgali (1:47.1) por delante del belga Lucien De Muynck (que arrebató el RN a Moens con 1:47.3), el noruego Audun Boysen y el inglés Derek Johnson (1:47.4 ambos). Podéis consultar un excelente acercamiento de Miguel Villaseñor a esta carrera en la página http://www.rfea.es/aeea/rumbo_barcelona2010/info01_berna1954.htm .
Estimulado por ese fracaso, Moens se entrenó como un poseso y volvió en 1955 dispuesto a todo. Derrotó a Szentgali y al futuro campeón olímpico Tom Courtney y corrió en Stuttgart en 1:47.0. El 23 de junio batió el RM de 600m (1:16.9). Finalmente rompió la marca de Harbig el 3 de agosto de 1955 en la pista del Bislett. En Oslo encontró al hombre que le empujaría hasta sus últimas reservas (como Mario Lanzi con Harbig), el noruego Boysen. Hizo de liebre el local Finn Larsen (52.0 por los 400) y Moens apretó con fuerza en la recta opuesta pero Boysen remontó en la recta final, acabando a un metro del flamenco, que tuvo que apretar los dientes hasta la llegada para parar el crono en 1:45.7 por 1:45.9 de su rival. Unas semanas en Boulder (1.700m de altitud) Arnie Sowell había ganado el título de la AAU de 880y en 1:47.6 (equivalencia 1:46.9) por delante de Courtney (1:48.0).

Años de desengaños.
  
Moens aparecía como el favorito en el año olímpico de 1956 pese a que Courtney y Boysen habían corrido en 1:46.4.. En agosto lideró al cuarteto belga que batió el RM de 4x800m corriendo su posta en 1:46.3, pero poco después en Atenas, durante un entrenamiento, se lesionó gravemente en un pie. Impotente, tuvo que renunciar a una cita que había preparado con tenacidad. En las antípodas, en una pista barrida por el viento, Tom Courtney impuso su carcasa de cuatrocentista (1:47.3) por delante de Derek Johnson, Boysen y Sowell.
A guisa de consolación, el belga batirá a campeón y subcampeón olímpico el 31 de julio de 1957 en Oslo: Moens 1:46.0, Courtney 1:46.2 y Johnson 1:46.9. Y eso que en ese año el campeón olímpico había batido el RM de 880y (1:46.8) y corrió los 800m en 1:45.8, a 1/10 del RM del flamenco. Moens no acudió al campeonato de Europa de 1958 al ser declarado en rebeldía por su club y la federación belga (por sus caprichos y desavenencias con los federativos era apodado la Callas de las pistas). El mejor del año fue el joven australiano Herb Elliott, campeón del Imperio británico y autor de 1:47.3 sobre 880y (1:46.6). En 1959 volvió a dominar el ranking (1:47.5) hasta que el 20 de septiembre, en una frenética carrera celebrada en Colonia, Paul Schmidt (1:46.2) arrebató el record alemán a Harbig, por delante del polaco Stefan Lewandowski (1:46.5) y de Peter Adam (1:47.0). 

Última batalla y última derrota.
   
Con 30 años Roger Moens se preparaba para su última oportunidad de ser campeón olímpico. El citado Paul Schmidt y el jamaicano George Kerr (1:46.4 en junio) parecían sus rivales más peligrosos. Nadie contaba con un fornido neozelandés de 22 años, Peter Snell, que venía acreditado en 1:48.4. El pupilo de Arthur Lydiard fue mejorando su marca a lo largo de las rondas: 1:48.1 en primera ronda, 1:48.6 en cuartos (tras Moens) y 1:47.2 en semifinal (aventajando a Moens). El calendario, que obligó a cuatro carreras en tres días consecutivos (¡series y cuartos se corrieron el mismo día!), perjudicó al viejo campeón mientras dio alas al gladiador all-black.
Desde la salida de la final tomó la cabeza Christian Wägli, cuyo carácter ofensivo recordaba el de Boysen. El helvético pasó en 25.4 por los 200m y en 51.9 al toque de campana, aventajando en tres metros a Schmidt, Kerr, Snell y Möens ya que el joven Manfred Matuschewski (ese día cumplía 21 años) pagaba sus esfuerzos de días anteriores descolgándose. El suizo seguía en cabeza por los 600m (1:19.1) pero ya tenía a su espalda a Möens y el resto de favoritos. A falta de 100m el belga lanzó su ataque abriéndose a la calle 2, sorprendiendo a Kerr. Pero la respuesta no vino del caribeño sino del "kiwi" Snell, que se coló por dentro. Alcanzó a Möens, que se había abierto más para tapar la remontada de Kerr, y le superó en uno de los finales más dramáticos de esta prueba. Snell rompió el hilo en 1:46.3, nuevo record olímpico (y de la Commonwealth y Oceanía), un tiempo que mejoraba en más de dos segundos la marca con la que llegó a Roma.
Alargado sobre el césped, Roger Möens, con ese rostro que parecía sacado de un cuadro de Jan Brueghel, tardó en recuperarse de la decepción y lloró amargamente su derrota. Luego, se puso sus gafas oscuras y se marchó del estadio con la convicción de que el atletismo no le había correspondido todo lo que había sacrificado por él. La derrota de Roger Möens tenía mucho de injusticia olímpica con uno de los más grandes, pero los presentes no sabían aún que habían visto el nacimiento del que seguramente ha sido el más grande de esta prueba, un competidor con un instinto de killer que no tuvo Moens (ni han tenido otros grandes posteriores como Jim Ryun, Seb Coe o Wilson Kipketer).

Epílogo.
 
Policía de profesión, Roger Moens siguió ligado al atletismo como comentarista deportivo (entrevistó a Snell en Tokio y retransmitió en neerlandés el RM de Beamon en México). En su profesión llegó a ser comisario en jefe de la policía judicial belga. Los errores de investigación del escabroso caso del asesino de niñas Marc Dutroux y su fuga durante unas horas en 1998 le obligaron a dimitir de sus funciones.

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