24 de septiembre de 2009

El increíble Dr. Meriwether

Muchos atletas han pasado como un meteoro por la historia del atletismo dejando su impronta en una temporada o, a veces, en una sola prueba. Uno de los más sorprendentes ha sido Wilhelm Delano Meriwether, doctor en medicina.

Años de estudio... sin deporte.
Hijo de profesores, nació en la capital de la música, Nashville, el 23 de abril de 1943. En el instituto destacó como músico (tocaba el saxo) y como miembro del club de Ciencias mientras tuvo poca actividad deportiva ("no había sitio en los equipos para un flacucho como yo") . Con 16 años ya ganó un premio de investigación (sobre parásitos de los perros) y obtuvo una beca para estudiar veterinaria en la Universidad estatal de Michigan. Se pasó a Medicina y, tras acabar el primer ciclo, fue el primer negro aceptado en la prestigiosa universidad de medicina de Duke en la que se graduó con honores en 1970. Posteriormente obtuvo su Master en salud pública en el prestigioso hospital John Hopkins.
Especializado en hematología, entró a trabajar en un centro de investigación del cáncer en Baltimore.

Un debutante de 27 años.
Viendo un día por televisión una carrera (en la que, al parecer, Borzov batía a los americanos) le dijo a su mujer "Yo puedo correr más que esos tíos" (seguramente ella le contestaría "naturalmente, cariño" sin prestarle atención). Más tarde contó que se entrenaba en las escaleras del hospital (corriendo hacia atrás) y por la noche en un estadio cercano (sin entrenador ni starting-blocks... ni luz muchos días).
Su aparición en las carreras causó cierta hilaridad por su atuendo: una bata sanitaria como camiseta y un extraño bañador dorado con tirantes (como un precursor de Borat): las zapatillas sí eran unas Adidas con clavos. Pero más sorpresa causaron sus prestaciones y su presencia en semifinales del campeonato indoor de la AAU en 1971. Claro que la sorpresa se transformó en estupor cuando aquel excéntrico individuo, sin formación atlética ni entrenamiento técnico, batió a lo más granado del sprint USA en la final del campeonato AAU de 100 yardas con un 9.0, que habría sido RM de no ser por un viento excesivo (+3.0). Meriwether (9.22) superó en esa final a Jim Green (9.23), al jamaicano Don Quarrie (9.24), al subcampeón olímpico Charlie Greene (9.29) y al explosivo Ivory Crockett (9.34).
Ese verano el Dr. Meriwether cumplió su sueño y compitió con Valery Borzov (aunque no le ganó "a ese tío"). Representó a EE.UU. en los Pan-Americanos siendo bronce en los 100m tras los jamaicanos Quarrie y Lennox Miller (los 100m se le hacían un poco largos por su falta de preparación atlética).
En el invierno siguiente el Dr. Meriwether fue campeón USA de 60 yardas indoor. En verano fue subcampeón al aire libre (de 100m ya que era año olímpico) tras Robert Taylor pero superando a hombres como Herb Washington y el francés Roger Bambuck. Sin embargo, una lesión le impidió defender sus posibilidades en los Trials olímpicos.
Para olvidar su decepción olímpica se volcó en varias campañas sanitarias públicas y desde 1973 entró en el ámbito de la Casa Blanca llegando a ser asistente del Subsecretario de Sanidad. Aún fue sexto en 1974 en el campeonato USA de 100m pero una nueva lesión le apartó definitivamente del atletismo de élite (tenía más de 30 años, le faltaba base y un protagonismo social creciente). Siguió corriendo en veteranos y su 20.8 en 200m de 1978 fue RN +35.

Una vida dedicada a los demás.
En los años siguientes Meriwether fue el delegado nacional del programa NIIP de vacunación contra la gripe (y especialmente la porcina) que vacunó a más de seis millones de personas (y contó con una enorme oposición de compañías de seguros y empresas farmacéuticas... y muchos médicos).
En 1983 marchó a Sudáfrica y trabajó como médico misionero en varios lugares, entre ellos en Soweto, regresando a EE.UU. en 1990. En los últimos años ha sido como médico de urgencias. La novela "Bethany Park" de Glen Sharp cuenta la historia de un chaval que empieza a correr tras leer la historia del Dr. Meriwether en "Sports Illustrated".
Siempre quedará en la pequeña historia del atletismo lo que fue capaz de hacer un médico, no experimentando con otros atletas, sino consigo mismo.

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